Fue cuando sentí el universo correr por mis venas
y el tiempo
detuvo el martillar de sus segundos
a manera de alfombra roja en un palacio.
Fue cuando toqué el cielo con las manos
simplemente desde el suelo,
con el leve aletear de un pestañeo.
Fue cuando dije todo
sin pronunciar una palabra
mientras me confundía con el aire. Fue tan solo un momento, en un día,
lo que justificó ampliamente haber vivido.
El resto
es casi un regalo.
Camino
simplemente sin contar mis pasos
ni medir mis latitudes,
con la gran ventaja a mi favor
de llevar la vida amortizada.
Jorge Daniel Bonanno
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