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Mi Perfil
Jorge Bonanno
Wilde - Argentina
Mi nombre es Jorge Daniel Bonanno, he nacido en Argentina, Provincia de Buenos Aires, en el año 1962, profesiòn Ingeniero.

Mi afición a la poesía comenzó por los años ochenta, cuando la vida y sus diferentes facetas lograron inquietarme, especialmente en situaciones por las que atraviesa el ser humano, que van del amor a la guerra, de los estamentos sociales al comportamiento en sì, es decir: la vida misma. Y a ella le escribí directa o indirectamente, no es casual que la palabra “vida” aparezca en forma recurrente en casi todos mis trabajos.

He participado en varios concursos literarios obteniendo menciones especiales de honor y en Octubre de 1996 forme parte de la antología poética del 1er certamen de Literatura “José Hernández”, publicada en el mismo año. Còmo asì tambièn he recibido menciones en foros literarios.

En Octubre de 2005, vio la luz mi libro de poesías “Pasajero de un tren veloz”, una selección de poesías que atañen distintos temas, que como mencionè anteriormente se refieren a la vida , invitando al lector expresamente a la reflexión, rescatando el valor de la poesía como medio genuino para transmitir cuestiones profundas del sentir cotidiano. Estos trabajos están escritos en un lenguaje simple, accesible y directo con los que intento que el lector reflexione acerca de cada poesía y además le sea ùtil para su vida de alguna manera, por tal motivo lo he designado “Poesía Práctica”.

Además de estas ediciones he publicado en distintas páginas de internet relacionadas con poesía y he participado en foros literarios, siendo varias veces distinguido.

Actualmente estoy preparando mi obra “Pensamientos Impensados” una serie de reflexiones y aforismos acerca de la vida.


Jorge Daniel Bonanno
www.jorgebonanno.blogspot.com


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Últimos comentarios de este Blog

16/09/11 | 15:06: Elena A. Navarro (Falta tiempo para tanto decir) dice:
Jorge, bellísimo texto poetico, Alma de Colegio Hermosisimo!!!
28/06/11 | 13:09: miguel dice:
Desde lugo pareces tener mucha historia y de la que vale la pena tener.
11/05/11 | 09:58: Alicia (atardeceres rosados) dice:
La inspiración está, pero no siempre aparece.Acaso para mostrarnos cuán libre es? (Mi humilde reflexión.)
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La mujer y el sabio - Relatos de vida



Era un pueblo en la montaña.

En una casa muy humilde,  vieja y descuidada vivía un viejo que en el pueblo decían que era un sabio, alguien al que se podía acudir cuando las respuestas a preguntas fundamentales de la vida parecían esfumarse ni bien se las formulaba, respuestas que no figuraban en ningún libro de ninguna biblioteca de ningún lugar.

Y era una mujer desesperada, que ya casi sin aliento buscaba algún camino que al menos la acercara a la felicidad, después de una vida de sacrificios y dedicación a los suyos esperaba cobrar el premio de la tan ansiada felicidad que por lo visto quedaba muy lejos de sus días.

Lo pensó mucho, pero habiendo recorrido ya cientos de veces las preguntas que explicaran el porque de su infelicidad sin tener explicación alguna decidió, casi en silencio y  secreto recurrir a la ayuda del sabio.

El viejo era casi un ogro, no muchos le conocían la voz, si bien los sabios hablan poco este casi ni hablaba y era raro verlo por el pueblo.

Lo cierto es que la mujer se decidió y fue en busca de una respuesta; así, en una tarde de Otoño cuando sus hijos estaban en la escuela y su marido en el trabajo se dirigió hasta la casa del viejo.

Al llegar a  la vieja casa, golpeo una puerta de madera hecha con unas tablas mal clavadas y casi  podridas en la que ya casi no se adivinaba el color de la pintura, pero nadie salió. Insistió nuevamente golpeando esta vez más fuerte, pero tampoco ocurrió nada, hasta que decidió hacer el último intento y nuevamente golpeó tres veces, esta vez con la mano abierta para provocar mas ruido.

Aguardo unos segundos y casi cuando ya se estaba volteando para regresar se abrió la puerta.

Apreció un anciano de una edad difícil de calcular a simple vista, su cara tenía arrugas como una impronta imborrable del paso del tiempo enmarcada con su larga cabellera blanca y una barba desprolija que cubría parte de su pecho.

Lo más sobresaliente era su mirada, de ojos color miel que casi se sospechaban tras sus párpados entrecerrados siempre, como los de una vista que se pierde en el horizonte.

Su vestimenta era una especie de túnica gris  hasta los pies, en algunas partes rota y sucia sobre todo, al tiempo que en su torso tenía una especie de vieja manta color bordo dispuesta a manera de una chalina.

Sin hablar una palabra, levantó un poco su mirada y observó a la mujer manteniendo la vista en ella por unos segundos, lo que la obligó a hablar ya que sabía del lenguaje casi silencioso del viejo.

Maestro necesito hablar con usted (suplicó).

El viejo siguió mirándola sin esbozar una palabra, hasta que en un momento levantó su brazo derecho y muy suavemente con su mano le hizo un gesto como para que pasara a su casa.

Dentro de la casa había una pequeña mesa de madera con dos sillas en las cuales se sentaron.  El lugar estaba en penumbras, la casa era muy oscura, solo entraba un poco de luz por una pequeña ventana cubierta por una tela que colgaba a manera de cortina.

El vieja froto sus manos y luego con la derecha tomo su barba, como esperando el comienzo del relato.

Maestro (dijo la mujer) vengo a verlo porque estoy desesperada, he vivido toda esta vida esforzándome en todo lo que hice, dando siempre lo mejor de mi, dedicándome por completo a la tarea que llevase a cabo en cada oportunidad… pero nunca he alcanzado la felicidad.

El anciano esbozó una mueca con sus labios y un pómulo, como sabiendo exactamente cual era la cuestión en danza, como adivinando de que se trataba y sabiendo exactamente lo que seguiría en el relato y mas aún de cómo terminaría.

El anciano movió la cabeza como en un símbolo de aprobación, para que continúe con su  el relato, así la mujer prosiguió:

Desde niña, me he esforzado en ser una buena alumna la escuela, ya que mi madre solía repetirme que para ser alguien en la vida debía estudiar y obtener buenas notas, porque así podría con seguir un buen empleo, ganar dinero y no tendría que pasar penurias económicas como ella lo había pasado con mi padre que por no haber podido estudiar debía resignarse a un magro sueldo de operario, o bien podía ser elegida por algún hombre de negocios que valorar mi belleza y mi cultura.

Así fue que dejé la escuela con las mejores calificaciones y pude emplearme en la oficina de correos del pueblo, pero aún así, no era feliz.

Luego conocí a mi primer marido,  un buen hombre, comerciante, muy trabajador del cual me enamore y me case luego de algunos meses de noviazgo.

Los primeros años fueron algo difíciles por que nuestra economía dependía de los negocios de mi marido que por entonces tenían serios altibajos, además ni siquiera teníamos nuestra propia  casa, vivíamos en un lugar que un tío mío nos había prestado.

Siempre deseaba tener mi propia casa, pensado en que realmente cuando la tuviera sería feliz. La economía mejoró y mi marido y yo trabajamos muy duro hasta que pudimos comprar una casa y armar nuestro tan ansiado hogar.

Compramos una casa grande y bonita, muy iluminada en la parte norte del pueblo, pero al tiempo que la compramos me di cuenta que ya no me satisfacía, que tampoco era feliz.

Creí que en realidad la felicidad la alcanzaría cuando sería madre, quizás era eso era lo que me estaba faltando, así que lo hable con mi marido y le manifesté mi sueño de ser madre.

Pasado un año, nació mi primer hijo y luego de dos años decidimos tener nuestro segundo hijo que resultó ser una hermosa nena.

Tenia un marido, un hogar, dos hijos… tenía todo lo que una mujer puede querer para ser feliz, pero no era feliz.

El tiempo paso, los días se calcaron y la vida tornó rutinaria, al punto que el amor con mi marido se fue diluyendo hasta que prácticamente se esfumó. Así, decidimos que lo mejor era separarnos y que cada uno haga su vida.

Entonces,  busque a un hombre que realmente me hiciera feliz, que sea más cariñoso, que cuidara de mi, con el cual podría pasar hasta el último de mis días. Una hermosa tarde de primavera conocí al que estaba segura que sería  el hombre de mis sueños, era tal como lo había imaginado y pensado. Estábamos fascinado el uno con el otro, así que decidimos vivir juntos.

Su situación económica era holgada así que además accedí a una mejor calidad de vida, así como también pude tener contacto con la gente más importante y adinerada del pueblo. Viajamos y conocimos lugares que jamás había imaginado, pero cuando todo terminaba me daba cuenta que no era feliz.

Posteriormente, el tiempo obró como el mismo verdugo que  mató mi primer amor y los días volvieron a ser rutinarios, pesados y vacíos … igual que antes.

Me doy cuenta que hoy tampoco soy feliz.

Pero dónde vive la felicidad?

Donde está?

Porque cuando uno hace lo que tiene que hacer y tiene lo que le dijeron que tenía que tener para ser feliz, aún así no lo es?

Es acaso la felicidad un fantasma?

Es acaso una mentira?

Por que es tan difícil encontrarla si la he buscado en miles de lugares, dejando lo mejor de mi?

Porque después de tantos años nunca la he encontrado?

 

El anciano cerró los ojos, y hasta los apretó un poco.

Tomo un respiro, como un preámbulo de su palabra, luego la miró fijo un largo rato, e hizo un silencio más profundo dentro de su silencio.

 

Maestro podrá usted responderme?

Estoy desesperada, me siento vacía después de haber hecho todo, todo lo que tenía para hacer en esta vida.

Donde tengo que buscar?

Donde tengo que ir?

Que más tengo que hacer?

 

El anciano, que permanecía mirando el piso, como pensando sus palabras, levantó la cabeza y le dijo:

 

Nunca has pensado en mirar para otro lugar que no sea para fuera?

 

Dos largos minutos de silencio se sumaron al acostumbrado silencio de aquel viejo sabio.

Muchas lágrimas brotaban de los ojos de aquella mujer que, perdiendo su mirada en la del viejo le dijo:

 

Gracias, maestro, ya entendí.

 

 

 

Jorge Daniel Bonanno


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
28/04/10 | 22:26: Jorge Bonanno dice:
Gracias Perla por detenerte en mis escritos, slds. Jorge
info_difusion@yahoo.com.ar
 
27/04/10 | 19:41: Perla Habichayn dice:
Jorge, siempre he creido que la felicidad no es un estado en el que entramos y permanecemos, creo que son instantes fugaces, a los que apenas podemos sentir, pero que atesoramos toda la vida, y podemos formar un rosario de esos instantes. Tu relato me hizo pensar en eso, en nuestra búsqueda permanente, e inalcanzable. Me gustó mucho el cuento, espero otras entregas.abrazoz palestina14
amado1@arnet.com
 
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