No hay nada mejor que un horizonte lejano
y un cielo bien alto,
para que el alma se pregunte cómo
mientras frota la fascinación en sus bolsillos.
No hay nada mejor que mil batallas
para forjar un buen guerrero
y ciento de tempestades
para acreditar un buen marino.
No hay nada mejor que el frío
para aprender todo sobre el fuego;
y nada vale más que el hambre
para mantenerse despierto.
Un vaso vacío.
Un todo por venir.
Un punto en la inmensidad,
que nos haga sentir la nada.
Una salida desde el suelo,
para valorar cada metro que se sube;
una escalera que se proyecte infinita
con dudosos escalones,
que ni siquiera aseguren pasos.
Piernas impacientes.
Brazos hacedores de mañana.
Ojos inocentes.
Corazón de pulso insensato.
Solo basta sentir el universo en cada puño
y un par de alas en la espalda
para pensarse un coloso
y un halcón de vuelo insobornable.
Que más.
Que más hace falta para sentir la vida por las venas
destilando cada instante
sin siquiera considerar
la muerte como escollo.
Jorge Daniel Bonanno
www.jorgebonanno.blogspot.com
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