Prefiero el todo por hacer
que el todo hecho
con rúbricas y sellos;
que al dibujo le falten algunos trazos
y algunos matices
a la pintura que intenta ser,
que la novela tenga un final abierto
para que deje con vida
el sabor de lo que pudo haber sido.
Que el jardín tenga canteros desparejos
o mejor aún, que no los tenga,
que sean solo flores salpicadas
como lo sabe hacer la primavera;
que sean campos y no caminos
que no saben nada del porque sí
y solo entienden de señales y banquinas,
que sean curvas y pocas rectas
con ángulos distintos de noventa,
que se derritan las escuadras
los compases y los mapas,
que se tuerzan los ejes cartesianos
y se pierdan las coordenadas para siempre.
Que nada sea y todo este por ser
como el martillo ideológico de Heráclito
que convertía los segmentos
en rectas de vida eterna.
Que a todo le falte un poco,
que aún no sea
mientras el tiempo se evapora
de relojes y campanas;
después de todo
la perfección es tan solo
una palabra más
de imperfectos diccionarios.
Jorge Daniel Bonanno
www.jorgebonanno.blogspot.com
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