Ya no soy el de recién
ni hoy, seré el de mañana;
ni tus ojos, que hoy me miran
verán lo mismo.
Porque dejo de ser a cada instante
y porque ellos,
ya habrán sido.
Como el río de Heráclito que fluye
y dibuja la sombra del tiempo entre sus aguas,
en cada extremo, dos opuestos
hacen de la quietud vida
y mueven las agujas de un reloj inexistente.
No hay latidos, sin opuestos.
No hay caminos sin distancias.
No existe el tiempo, sin miradas.
Cambio yo,
cambian mis ojos;
cambias tu y tu mirada
cambia todo, porque vive
Tan solo el cambio
no cambia.
Jorge Daniel Bonanno
www.jorgebonanno.blogspot.com
facebook: "Apuntes de Vida"
|