He despertado con los músculos como hierro,
dispuestos a la acción, en donde sea.
Pude verme al borde del abismo
basculando en la línea de un segundo,
seguro del salto y de mi vuelo.
Los he visto juntos; a mi monje y mi guerrero
en extraña simbiosis, firmando un pacto
de por ahora y en alerta.
Los miedos han abdicado
y agitando un trapo blanco
se han entregado prisioneros del coraje.
Ha crecido la fe, como la hierba
en cualquier intersticio de conciencia
que se vea.
Mi mirada ha perforado el horizonte
y ha llegado al universo, que hoy
me parece más pequeño.
Se han preparado los caballos,
los aceros y estandartes
para afrontar los nuevos vientos.
Nada puede detener a una tormenta de verano
un minuto antes de que llueva.
Ya oigo los clarines.
Su inequívoca estridencia anuncia lo que viene:
La hora del león.
La hora del león, ya esta en camino. |