Cuando empieza la conciencia
y el cronómetro dispara,
es el precio de estar vivo
que finalmente se paga.
De príncipes a mendigos
desde el ateo hasta el Papa
amantes y delincuentes,
del precio nadie se escapa.
Pagar el precio de amar,
pagar el precio de odiar,
pagar el precio de quedarse
y también el de llegar
paga el trabajo alocado
y también el holgazán,
el que dura sin vivir
y el que sueña sin parar
paga el esclavo y el amo
que arrastra su libertad,
el infeliz consumado;
¡también la felicidad!
Hasta la muerte nos cobra
su factura despiadada
en el final del camino
cuando queda casi nada,
Cuando la conciencia termina
y el cronómetro se apaga
es el precio de haber vivido
que finalmente se paga.
Jorge Daniel Bonanno
www.jorgebonanno.blogspot.com
|